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Los sistemas ecológicos almacenan -en la vegetación aérea y subterránea, y en la materia orgánica en los suelos- la energía y nutrientes que necesitan. Los procesos de importación y pérdida de energía son múltiples y complejos. La fotosíntesis es un ejemplo de cómo los ecosistemas captan energía y nutrientes, mientras que los incendios ejemplifican su pérdida. El equilibrio entre la ganancia y la pérdida o equilibrio funcional es autoregulado por el propio sistema. Este proceso autorregulatorio es conocido como homeóstasis. La alteración de la función homeostática genera y es a su vez consecuencia de múltiples problemas, la pérdida en la autoregulación de intercambios de energía en los ecosistemas de bosques y selvas de la sierra de Santa Marta refleja profundas perturbaciones.
 

Las condiciones de equilibrio funcional o estabilidad permiten la posibilidad, o no, de que con energía y nutrientes propios (carbono en forma de biomasa vegetal, materia orgánica de los suelos) u obtenidos subsidiariamente (trabajo, fertilizantes nitrogenados, etc.), un ecosistema sea capaz de recuperar, al menos en parte, la relación de sus componentes previa a la perturbación o disturbio (G. Oliva 2005). Esto depende del tipo de ecosistema y de las características de la resistencia y flexibilidad de los procesos autorregulatorios.

“La resistencia es la capacidad de un ecosistema para mantener sus “depósitos” de energía y nutrientes sin modificaciones esenciales frente a un disturbio. La flexibilidad, es la capacidad para regresar sus “depósitos” al mismo nivel de existencias de carbono y energía anteriores al disturbio que generó la pérdida. Este atributo es también conocido como resiliencia.” (Robles, Pacheco: 2006: 15)

La estructura ecosistémica es jerárquica, y los niveles de la jerarquía dependen de la complejidad de los niveles de organización que sostienen, a su vez, a otros niveles de organización. Un ejemplo sencillo de altos niveles de organización sistémica es la presencia de aves. Mientras mayor es la complejidad de la cubierta vegetal, es posible encontrar una mayor cantidad y variedad de aves en los diferentes niveles de altitud del bosque. Las aves juegan un papel clave en la dispersión de semilla, por lo que un elevado nivel de organización de un ecosistema facilita la posibilidad de su recuperación y de su expansión. Una mayor cantidad de niveles de organización, implica una mayor posibilidad de enfrentar perturbaciones (Oliva: 2005: 102).

La estabilidad de un ecosistema depende de dos componentes:

 i)        “…de las características intrínsecas del ecosistema, las cuales van a definir su resistencia y elasticidad”…. y;

ii)      de las características de la perturbación (tamaño, duración intensidad)” (G. Oliva: 2005: 102)”

La “resistencia” de un ecosistema es la capacidad de mantenerse sin modificaciones en su estructura ante cierto grado de perturbaciones. La resiliencia es la posibilidad de recuperación del equilibrio previo al disturbio.

Las perturbaciones frecuentemente llegan a ser mayores que la capacidad de recuperación del ecosistema, lo que implica pérdida de niveles de organización. (G Oliva: 2005). La pérdida de niveles de organización de un ecosistema puede expresarse de diversas formas como la pérdida o extinción de especies de flora y fauna, o el aislamiento o fragmentación de una masa forestal que constituía un “todo”.

 “Los ecosistemas degradados construyen nuevos equilibrios en función de los niveles de organización que sobrevivieron a la perturbación… este nuevo equilibrio genera una nueva capacidad de resiliencia con una menor cantidad de niveles de organización que los originales para recuperarse de una eventual nueva perturbación…conforme se pierden niveles de organización en un ecosistema, se reducen los elementos sobre los que recae el peso del amortiguamiento de los disturbios, por lo que el ecosistema va gradualmente perdiendo flexibilidad o resiliencia…Esto podría guiar sobre todo la valoración del potencial de restauración de cada ecosistema en función de lo que se busca y del tipo de ecosistema” (Robles, Pacheco 2006: 16)

Consideramos que el sistema social es uno integrado por una cantidad indeterminada de subsistemas que pueden ser observados desde distintos ámbitos (culturales, políticos, religiosos, productivos). Así, las sociedades humanas cuya agencia implica diversidad en las percepciones y formas de vinculación con la naturaleza y de apropiación de sus productos, forman un sistema más del ecosistema. De este modo, el área donde se ejecutan las acciones de restauración en la sierra de Santa Marta, se integra por el territorio físico y por el territorio socialmente construido, en donde la sociedad humana interactúa con el resto del ecosistema con un profundo impacto, pero también con una lógica propia parte de la cual se pone en juego también para recuperar la riqueza natural del territorio. El ecosistema completo depende de la interacción de todos los sistemas que lo integran, incluido el humano.

Los ecosistemas de las cuencas de la sierra son entonces, sistemas abiertos que depende de fuentes de energía externa para su mantenimiento. Una parte de esa energía la aporta el trabajo de sus pobladores, otra parte viene del apoyo de sus usuarios. Actualmente aproximadamente medio millon de personas de Acayucan, Oluta, Soconusco, Cosoleacaque, Minatitlán y Coatzacoalcos consumen agua captada en los frágiles y deteriorados ecosistemas de la sierra de Santa Marta.

 

 

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